Cómo regular la temperatura del coche

Tener una temperatura idónea en el interior del coche, de entre 19 y 24 grados, es de vital importancia para garantizar una mayor seguridad al volante. Las condiciones de frío o calor influyen notablemente en la capacidad del conductor del automóvil.

Una temperatura elevada en el interior del vehículo, por ejemplo, potencia los síntomas de cansancio y produce una disminución de la atención. Un calor muy intenso, provocado bien por la calefacción excesiva en invierno o por las altas temperaturas propias del verano, puede incluso causar los mismos síntomas que tener una tasa de alcoholemia superior a los 0,3 miligramos en sangre, en términos de pérdida de atención y concentración.

Por el contrario, una temperatura demasiado baja provoca que nuestras extremidades se agarroten y, por lo tanto, nuestros reflejos y reacciones sean también más lentos.  Además, por el exceso de frío o la humedades frecuente que los cristales de nuestro coche se empañen, reduciendo así la visibilidad del conductor considerablemente. Si a ello se añade la lluvia o la nieve de la época invernal, el manejo del vehículo se vuelve bastante complicado.

¿Qué se debe hacer para evitar temperaturas extremas en el interior del coche?

Además de la comodidad que ofrecen, el aire acondicionado y la calefacción son primordiales para solucionar los problemas que ocasionan las altas y bajas temperaturas. Por este motivo, es imprescindible que estos dos sistemas se encuentren en perfecto estado y para ello sería conveniente, de vez en cuando,  buscar los recambios necesarios en el desguace más cercano o de confianza. 

Para evitar las altas temperaturas dentro del coche, y, por consiguiente, mayor cantidad de cansancio o sueño y menor capacidad de reacción se debe de activar el aire acondicionado con el botón de recirculación activado. En los meses estivales, cuando la temperatura exterior es muy elevada, al arrancar el coche es conveniente bajar las ventanas y ventilar el habitáculo antes de arrancar y encender el aire acondicionado.

Las temperaturas bajas suelen tener mayor efecto negativo tanto para el conductor como para el vehículo en cuestión: cuesta arrancar el motor porque no alcanza suficiente temperatura; se empaña la luna delantera, impidiendo así la visión por completo; y las precipitaciones dificultan en gran medida nuestra conducción. Para intentar combatir las bajas temperaturas, debemos encender la calefacción y dirigir los chorros a los pies, de este modo evitaremos que se agarroten y nuestra reacción sea muy lenta. Además, como el aire caliente tiende a subir, también se calentará la parte más baja del interior.

Cuando se empañan los cristales, habría que encender al máximo el aire acondicionado con el modo recirculación, revisando bien que los chorros que estén puestos sean los que dan a la luna delantera.

Hace años era un extra que no era necesario, pero hoy en día tener un aire acondicionado y una calefacción en el coche puede llegar a salvar vidas y prevenir más de un accidente. Así que, si tu coche antiguo no cuenta con estos sistemas, puedes encontrarlos en tu  desguace y solicitar en el taller que te lo instalen en el coche. Recuerda que es para tener una mayor seguridad al volante y no por pura estética o gusto.



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